Sin Megan Fox, Michael Bay vuelve a dirigir un nuevo capítulo de la guerra entre Autobots y Decepticons en un filme superior a su predecesor y el barullo visual que contenía con una historia mejor perfilada aunque sin llegar a tener toda la chispa que debería. En donde rebosa espectacularidad y vistosidad es en sus efectos, perfectamente acentuados por una contención en el numero de planos por segundo y un loable uso del 3-D.
Sinopsis: En Transformers 3 los autobots descubren la existencia de una nave Cybertronian llamada "El Arca" escondida en la Luna e inician una carrera espacial con los Decepticons para llegar a ella y acceder los secretos que esconde, la cual ya fue el objetivo de la prmiera misión en la Luna impulsada por John F. Kennedy en los años 60.
Cuando Steven Spielberg le pidió a Michael Bay dirigir la primera parte de "Transformers", éste rechazo inicialmente el encargo por considerar la temática demasiado infantil. El resultado de reconsiderar la propuesta han sido tres películas que han costado más de 500 millones de dólares en total pero cuyas dos primeras entregas han recaudado más del triple de esta cifra. No hay duda que los Autobots y Decepticons son los juguetes de Michael Bay, cuya reticencia a hacer una cuarta parte ensombrece la posibilidad de continuar la saga pero a pesar de la bajada de calidad de su segunda entrega, la franquicia no ha dejado nunca de ser una mina de oro. Para esta tercera batalla, a Spielberg y a Bay no les tembló el pulso en prescindir de la actriz Megan Fox tras su desafortunado símil entre Bay y Hitler, declaraciones que no sentaron excesivamente bien al director de "La lista de Schindler" y quién financia personalmente multitud de proyectos y organizaciones destinadas al pueblo judío.
Michael Bay hace un nuevo paso adelante a nivel técnico con "Trasnformers: el lado oscuro de la Luna". Rodada en 3-D, esta es seguramente la entrega más espectacular de la saga ya que por un lado exprime notablemente las posibilidades de la animación digital y las tres dimensiones y por otro reconsidera su apuesta por la saturación visual y levanta el pie del acelerador en las secuencias de acción, permitiendo ver al espectador qué está sucediendo realmente en pantalla en vez de entregar embrollos a velocidad de vértigo como en la segunda parte.
En general, esta tercera parte subsana varios errores graves de "Transformers 2: La venganza de los caídos". El ingenio de la historia puede seguir poniéndose en duda pero en esta ocasión el guión está desarrollado con un ritmo más adecuado y el flujo con el que se narra es mucho más fluido. La calidad de su humor presenta leves signos de mejoría y en algunos momentos hasta parece permitirse el lujo el reírse de sí misma, como con el personaje de John Turturro por ejemplo.
El reparto está compuesto por los rostros vistos anteriormente más alguna nuevaincorporación entre las que destaca otro intérprete fetiche de los Coen, Frances McDormand, y la gran novedad es la modelo británica reconvertida a actriz Rosie Huntington-Whiteley, quien sustituye a Megan Fox y quien igualmente debió ser escogida por sus dotes interpretativas. La química con Shia LaBeouf es prácticamente nula aunque ello está al nivel de la calidad de las interpretaciones, bastante planas. A pesar de los nombres propios de sus intérpretes, queda patente que aquí los protagonistas no son actores de carne y hueso sino las creaciones mecánicas digitalizadas, quienes dominan la pantalla con toda espectacularidad.
Esta tercera parte se podría considerar la mejor de la saga hasta la fecha pero lamentablemente no es la primera, es una nueva repetición de un guión con agujeros, incoherencias y poca chispa que ya no tiene capacidad de sorprender pero que visualmente es especialmente notable gracias a su calidad técnica, la cual se puede apreciar finalmente con todo lujo de detalles gracias a que Michael Bay ha decidido no emular más a Tony Scott y muestra un mejor pulso al orquestar este fastuoso entretenimiento.




